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Bienvenidos a mi blog, este es un espacio dedicado a publicar textos fundamentalmente epistemológicos, tratando ser una aproximación amable sobre un tema complejo en el que abundan las retoricas absurdamente crípitcas y barrocas para el entendimiento común de la población general.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Actualidad: Suicidio, un drama social contemporáneo


Las tasas de suicidio en el mundo crecen a pasos agigantados. En Chile, la realidad no es ajena. Más del un 100 por ciento se incrementaron los casos en 20 años. Los especialistas condicionan lo anterior al sistema de vida, al modelo económico descarnado en el que estamos insertos, a la competitividad y al individualismo.

Un fenómeno peligroso, que sobre todo en culturas más “civilizadas”, con mayor globalización y capitalización de mercado, se da con frecuencia. El suicidio, que crece a tasas preocupantes, y frente al cual no hay políticas claras para encararlo como tema social.

Capital, individualismo, suicidio

Uno de los pioneros en el estudio del tema a nivel global (al menos uno de los más clásicos) fue el sociólogo francés Émil Durkheim, quien en 1897 planteó una revolución en torno a como analizar el suicidio. Le quitó el rasgo individual al flagelo y le entregó una connotación social.


Dicha práctica, dijo, era condicionada precisamente por el funcionamiento social, por el entorno, es decir, el suicidio releja la sociedad en la cual se produce. Lo anteior, aplicable hoy, tiene sentido si se entiende que, a nivel planetario, las cifras durante los últimos 40 años se incrementaron por lo menos en un 60 por ciento.

Sólo en Estados Unidos, emblema del libre-mercado y gestores de la globalización, con sus pro y sus contras, entre 1957 y 1987 la tasa de muertes auto-provocadas entre personas de 15 y 19 años, se cuadriplicó. Leyó bien, se incrementó cuatro veces. Se estima además que a nivel planetario, por cada persona que se suicida, hay 20 que falla en su intento.

“Existe la tendencia al aumento de decisiones suicidas en la sociedad con mayor éxito económico”, comentó el sociólogo chileno Humberto Lagos, quien conoce a profundidad este tema.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó en un millón los muertos por suicidio en el planeta. Por eso, varios concuerdan en que el modelo económico, el crecimiento entendido bajo la lógica del capitalismo, orientado a la mayor inclusión de mercados, lo que conlleva a la competitividad, individualismo, intercambios culturales, provoca crisis sociales que impactan en las personas y que derivan en decisiones drásticas (…). No es casualidad que en el mundo el suicidio sea la segunda causa de muerte entre personas entre 10 y 24 años, después de los accidentes de tránsito, cifra impensable hace siglos.

“Cuanto menos posee uno, menos intenta extender el círculo de sus necesidades. La riqueza al contrario por los poderes que confiere, nos da la ilusión de que nos engrandecemos por nosotros mismos. Al disminuir la resistencia que nos oponen las cosa, nos induce a creer que pueden ser indefinidamente vencidas, ahora bien, cuanto menos ilimitado se siente uno, más insoportable le parece toda limitación”, describió Durkheim. Aquella apreciación parece clave para comprender justamente la condicionante social en el suicidio.

En Japón, país industrializado por excelencia, las cifras son más que alarmantes, lo que llevó a generar políticas de salud pública para atender el tema, como repartir volantes de guía para evitar que existan más muertes auto-impuestas.

Durante los últimos años se hicieron populares los suicidios colectivos, realizando especies de pactos para concretar el acto mortal. Alentados por sectas, muchos ejercicios se concretaron con resultados similares. Lo anterior, apoyado paradójicamente por las redes sociales, parte del formato de globalización.

Son cerca de 30 mil muertes por año de este tipo lo que mantiene atenta a las autoridades del país del Sol Naciente. China, India y Rusia, también destacan en los números.

Y es que las condiciones que entrega el sistema, permiten mayores cuestionamientos mentales de cada persona, en relación a lo que está viviendo el otro. La ideología del éxito, fomenta la competencia que, por ejemplo, en paises expuestos a esa forma de vida, como el propio Japón, Estados Unidos, Canadá, terminan en dichas consecuencias.

“Es posible que un individuo, que se siente marginado, trate de quitarse la vida para conquistar un reconocimiento social (es decir, la muerte externa es expresión interna de un deseo de vivir).La muerte física del individuo es expresión de la muerte social que padece y, en el fondo, es expresión de su profundo deseo de vivir mediante un acto radical de protesta que reclama el reconocimiento social”, expuso el informe “Suicidio: Una Reflexión”, elaborada por la Universidad Alberto Hurtado.

Si bien, las causas reales que pueden llevar a una persona a quitarse la vida son variables, desde trastornos depresivos, alcohol o drogas ilícitas, incluso la mentalidad pseudos-filosófica que puede entregar el propio suicidio como signo de la libertad al momento de elegir el instante de la muerte, la mayor conclusión es que aquello se ve condicionado por le entorno social donde se está inserto.

La realidad chilena

Chile no está ajeno a esa realidad. Se estima que hasta el 2008 la tasa de muertes autoinducidas llegaba casi a los 11 por 100 mil habitantes. 18 años antes, en 1990, dicha realidad alcanzaba 5,7 personas por 100 mil habitantes. Los números son alarmantes. El incremento asciende a prácticamente un cien por ciento en los últimos 20 años, siendo las regiones undécima y duodécima las que promedian la mayor cantidad de suicidios en el país.

“Entre las hipótesis explicativas de este incremento del suicidio en Chile se alude al crecimiento económico globalizado de los últimos 20 años. El trabajo tendría hoy características más tensionantes y sería más inestable que otrora, absorbe la mayor parte del tiempo de las personas y éstas tienden a aislarse y a hacer menos vida familiar a causa de aquel. Las redes socieles de apyo se han reducido: no hay vida de barrio, hay desconocimiento en tre vecinos, no hay actividades comunes, hay menor asociatividad (sindical, gremial, políica), y se vive más años, lo que en numerosos casos va acompañado de enfermedades y soledad ”, explicaron los académicos Emilio Moyano y Rodolfo Barría, en su estudio “Suicidio y Producto Interno Bruto (PIB) en Chile: Hacia un modelo predictivo”.

En el documento se precisó que “el modelo globalizador de economía social de mercado en Chile produce crecimiento económico pero no mejora las condiciones de salud mental de la población al considerar el soucidio como indicador de ésta”, una conclusión que ya Durkheim predijo cien años atrás.

“La instalación hace más de 25 años en Chile de un modelo de crecimiento económico de mercado cada vez más globalizado, trae una cultura caracterizada por el predominio del libre mercado, el consumismo, el individualismo y la democracia, afectando y generando colisión de valores entre los propios de las comunidades locales y los ‘importados’ o transnacionales se agregó en el estudio”

Lo anterior tiene sentido si se entienden las formas de vidas impuestas en el país y en las que están insertaas las personas, sobre todo los jóvenes. Un reflejo y un diagnóstico preocupante. Por dicha causa, incluso, el Gobierno anunció que en la próxima encuesta Casen incluirán una forma para medir la felicidad de los chilenos, pre-asumiendo que en el contexto global los resultados no serían muy alentadores.

¿A qué se debe aquello? El agotamiento del modelo industrial, que cambia la felicidad por el dinero, es una opción de respuesta. Además de la condición impuesta por los medios de comunicación , la superficialidad social que aquello conlleva, entregando contenidos banales a las mentalidades vulnerables por dicho contexto de estrés y cansancio mental, sobre todo con el fracaso constante de las personas ante la competitividad escandalizada, la pérdida del sentido humano, ya sea con el alejamiento a los credos religiosos, espirituales, etc. Todos son factores que hoy inciden en esta cada vez más habitual conclusión abrupta y cruda que personas están dándole dándole a su propia vida: el suicidio.

Sánches, J. (2011, primera quincena noviembre) Suicidio, un drama social contemporáneo. El ciudadano. pp. 8-9.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Construccionismo para un proyecto crítico

El panorama que he expuesto muestra cómo hay distintas formas de ser construccionista y deja en evidencia que no es suficiente defender el carácter construido de los objetos sociales para ser crítico.

Lo voy a decir de otra manera: para llevar a cabo una práctica crítica es necesario, aunque no suficiente, ser socio-construccionista. Voy a poner un uso crítico del construccionismo (que podríamos llamar construccionismo social crítico), que entiende lo social como relaciones históricas de producción. Realizado en la psicología, el contruccionismo social crítico invita a entender a la subjetividad como una entidad históricamente constituida. Así, entendida, la forma moderna de la individualidad sólo es real y tiene sentido respecto de las particulares condiciones sociales y productivas bajo las que aparece, es expresión de un estado de dichas relaciones, así como lo es la psicología y sus funcionamientos como uno de sus apartados de regulación.

Para dicha perspectiva, aunque lo que la psicología convencional llama entidades mentales o en otra clave, aparato psíquico, no tiene su origen dentro de la cabeza de la gente ni tampoco son internalizaciones producidas en la vinculación con un ámbito exterior. Éstas son en sí mismas, procesos sociales, (y por tanto simbólicos) constituyentes y constituidos de aquello que llamamos subjetividad. Y convierte en temas ineludibles de preocupación de todo investigador social la interpretación, el lenguaje, el poder, así como otras prácticas constructoras de significados sociales, producción y transformación de estructuras sociales, etc. (Ibáñez, 1990). Como afirma Shotter (1993), implica el paso de una psicología de la mente a una psicología de las relaciones socio-morales (Shotter, 1993).

Ser crítico con la racionalidad científica implica desconfiar de la fuerza probatoria de los hechos, de la idea de conocimiento como representación del mundo, de la fe en la eficacia de las técnicas, de la posible existencia de una realidad que esté más allá, de la acción humana, y dichos escepticismos derivan de pensar que la realidad es una producción humana.

Pero decir que los seres humanos somos agentes productores de las realidades en las que vivimos no basta. Un socio-construccionismo crítico debería asumir los efectos teóricos, éticos y políticos de dicha aseveración. Siguiendo la taxonomía de Hacking, tendría que ser un construccionismo revolucionario, es decir, asumir una postura crítica y una voluntad comprometida en cambiar las cosas. Una práctica crítica del construccionismo social es antes que nada una política, en la medida en que considera a la idea de naturaleza humana como una forma de enajenación de la libertad y su superación como un hecho práctico (no teórico). No se trata de demostrar la falsedad de las ideologías (como la científica) sino de producir un mundo en el que dicha ideología carezca de sentido. Es por eso que la superación posible de la ciencia es un problema político más que un problema epistemológico y sólo podrá lograrse cambiando el mundo bajo el cual la ciencia tiene sentido y ser (Pérez, 1998).

Dicha perspectiva implica la realización de una práctica desestabilizadora de las relaciones de dominación, desnaturalizadola, que no solucione problemas para sostener el orden social imperante sino que los cree para subvertirlo, que no cambie a las personas para que se adapten al sistema social sino que produzca sujetos deseosos de transformarlo. Una práctica que no se aboque al descubrimiento de lo que somos sino a su rechazo (Piper, 2002).

Esto puede hacerse desde la psicología, la sociología, la filosofía, la literatura, la danza, la antopología, el teatro o la política. Lo importante no es desde dónde sino que cómo, pues cuando trata de producciones sociales la transdisciplinariedad diluye las pertinencias disciplinares y fronteras escolásticas.

Hacer construccionismo social crítico desde la psicología implica problematizar aquellas categorías centrales con las que dichas disciplina comprende y explica la realidad, como la de subjetividad. Hacerlo desde la psicología social obliga a focalizara la crítica en las prácticas sociales vigentes en nuestra historia actual. Entender a las subjetividades como prácticas sociales en constante producción abre posibilidades emancipadoras, en la medida en que la presenta como un proceso interior a las relaciones sociales. Nosotros somos las subjetividades que producimos, y por lo tanto somos nosotros quienes, por medio de la articulación de prácticas diferentes, tenemos el deber y el poder de transformarlas.

Kaulino, A. y Stecher, A. (2008) Cartografía de la psicología contemporánea. Santiago: LOM. Socioconstruccionismo y sus usos en psicología. Isabel Piper Sharif.

domingo, 6 de noviembre de 2011

De la intolerancia hipócrita o tolerancia represiva

A propósito de los argumentos bizantinos y la falsa tolerancia que representa el famoso cliché “Nadie es dueño de la verdad” es necesario aclarar lo siguiente: el cliché se sostiene bajo la idea que sólo se puede discutir si uno reconoce previamente que nadie tiene la razón, es decir, una vez que aceptamos que todos podemos estar equivocados se puede empezar a discutir. Sin embargo sólo tiene sentido discutir cuando uno manifiesta convicciones, la discusión es productiva a partir de la oposición y no del consenso. Entonces cuando uno mantiene sus convicciones suele surgir esa intolerancia de los pseudotolerantes, que al verse enfrentados a dicha situación esgrimen con toda confianza esa frase democrática que pretende zanjar y eludir todo conflicto, y tratar de intransigentes a quienes reafirman sus posturas.

domingo, 19 de junio de 2011

Conceptos fundamentales en "El reencatamiento del mundo"

Conciencia participativa del mundo (pre-moderna): En la conciencia premoderna o participativa predomina la noción de participación original.

Participación original: Modo básico del conocimiento humano hasta el siglo XVI, a pesar de su atenuación gradual. (p.77)
El griego pre-homérico, el inglés medieval (desde luego en menor medida) y el hombre africano tribal contemporáneo conocen algo, precisamente en el acto de identificación, y esta identificación es tanto sensual como intelectual. Es una totalidad de experiencia: el "intelecto sensual"(p.76)
La esencia de la participación original es el sentir, es la percepción corporal de que detrás de los fenómenos hay un "representado" que tiene la misma naturaleza mía –el “mana”, Dios, el espíritu del mundo, etc. Esta noción de que sujeto y objeto, el sí mismo y el otro, hombre y ambiente, son al final de cuentas idénticos, es lo que constituye la visión del mundo holística. (p.76)



Conciencia Moderna: El distintivo de la conciencia moderna es que no reconoce ningún elemento de mente en los así llamados objetos inertes que nos rodean. (…) nuestro propio conocimiento no es perfecto, pero rápidamente estamos eliminando los pocos errores que sí existen, y gradualmente llegaremos a un entendimiento plenamente preciso de la naturaleza, libre de presupocisiones animísticas o metafísicas. (p.69)

El desencantamiento del mundo: Una cosa que es indudable acerca de la historia de la conciencia occidental es que el mundo, desde aproximadamente el 2.000 A.C., ha sido progresivamente descantado, o “desendiosado”. (p.69)

La mentalidad poética u homérica: En el cual el individuo está inmerso en un mar de experiencias contradictorias y aprende acerca del mundo mediante la identificación emocional con él (participación original), es precisamente lo que Platón y Sócrates intentaron destruir. (p.71)

La sabiduría hermética: Como ha sido denominada, estaba en efecto dedicada a la noción de que el conocimiento verdadero ocurría únicamente vía la unión del sujeto y el objeto, en una identificación psíquico-emocional con imágenes en lugar de la examinación puramente intelectual de los conceptos. Como se ha dicho, este punto de vista había sido la conciencia esencial de la Grecia homérica y prehomérica. (p.73)

lunes, 21 de febrero de 2011

Mecanicismo

(Fil./Cie.)1920-1930

Del griego mechane, “máquina”. Doctrina según la cual toda la realidad, o al menos toda la realidad natural, pude explicarse a base de los modelos de máquinas. Esta explicación hace referencia a la filosofía natural de autores como René Descartes, Thomas Hobbes, Isaac Newton y Christian Huygens, que aseguran, aunque con algunas diferencias de criterios, que los fenómenos de la naturaleza no están regulados por una inteligencia supranatural o divina, sino que puede explicarse íntegramente por las leyes mecánicas de la Física y de la Química. El término mecanicismo es a veces utilizado como el equivalente a materialismo y también como sinónimo del realismo y también como sinónimo del naturalismo, al tiempo que se opone al creacionismo y al finalismo.

En el siglo XX, el mecanicismo científico fue dejado de lado; ocupó su lugar el mecanicismo moderno, cuyo campo de estudio es la Física.

Jacques Loeb en su obra La concepción mecanicista de la vida (1912) considera: «[…] los seres vivientes son máquinas constituidas en su esencia por materias coloidales y que poseen la propiedad de desarrollarse, conservarse y reproducirse automáticamente».En realidad, esta teoría niega que en todo ser viviente exista un principio vital específicamente diferente de las fuerzas de la materia inerte; y se apoya en el desconocimiento y desprecio de la tesis contraria a la mecanicista, denominada vulgarmente metafísica.

Tello, Neiro y Kreimer, Carlos (2005) Diccionario de Movimientos del siglo XX. Buenos Aires: Longseller.

domingo, 13 de febrero de 2011

Historicismo

(Fil./Hist./Psi.) 1900-193…
Hacia fines del siglo XIX aparece este término destacando el aspecto histórico del ser humano. En su forma más relativista entiende que tanto la verdad como los valores son relativos al tiempo, y llega a negar, contra la modernidad, la existencia del derecho natural y de una naturaleza humana. Para este movimiento, el hombre es constitutivamente un ser a quien la historia siempre le concierne, y no puede sino conocer las cosas desde la perspectiva propia de su tiempo. En su línea más racionalista, el historicismo presupone una intención de la naturaleza que actúa en la historia realizando un desarrollo de la racionalidad y de la historia humanas que serían tan previsibles como los fenómenos mismos de la naturaleza. Wilhem Dilthey (Crítica de la razón histórica 1883; y Teoría de las cosmovisiones, 1911) distingue entre las ciencias naturales y las ciencias del espíritu, y combina la fundamentación de éstas con una crítica de la metafísica en cuanto a que ésta pretende proporcionar resultados científicos definitivos. El fundamento de la investigación en las ciencias del espíritu tiene que ser más bien la captación de la historicidad del hombre y de sus productos. Aquello que el hombre es lo sabe a partir de su historia. Como corriente historiográfica, comporta una manera de concebir y de explicar la historia que actualmente suele llamarse tradicional y que consiste en la narración, por lo general, de hechos políticos nacionales. No entiende la historia como una globalidad, sino como un encadenamiento o conjunto de hechos particulares. Fueron fundamentales los aportes de Karl Mannheim.

Oswald Spengler (La decadencia de occidente, 1918-1922) sostiene que el desarrollo histórico de una cultura es similar al de un organismo: cumple etapas de nacimiento, desarrollo y decadencia. Karl R. Popper (La sociedad abierta y sus enemigos y Miseria del historicismo 1945) implacable crítico de este movimiento filosófico, especialmente en su versión más determinista, lo define como: «un punto de vista sobre las ciencias sociales que supone que la predicción histórica es el fin principal de estas, y que este fin es alcanzable por medio del descubrimiento de los “ritmos”, “modelos”, “leyes”, o “tendencias” que yacen bajo la evolución de la historia». El ensayista y filósofo español José Ortega y Gasset (Meditaciones del Quijote, 1914; y la rebelión de las masas 1930) entiende que el hombre no tiene naturaleza, sino sólo historia”.

Ha influido especialmente en ciertas concepciones evolucionistas e históricas como las que provienen el marxismo vulgar, o las ideologías que postulan un “fin de la historia”. Oposición dentro de la URSS.

Tello, Neiro y Kreimer, Carlos (2005) Diccionario de Movimientos del siglo XX. Buenos Aires: Longseller.

sábado, 12 de febrero de 2011

David Hume: Toda relación causal es incierta

Hume planteó que todo razonamiento sobre la experiencia se basa en la suposición de que la naturaleza transcurre de un modo uniforme. Pero ese supuesto no se funda en una demostración sino que es fruto de la costumbre y las creencias. La aceptación de los principios de la inducción y la causalidad se debe a la observación de una conjunción constante de los hechos en la experiencia. La idea de «causa» que tiene la forma: «A es causa de B», no se corresponde con ninguna impresión sensible. Efectivamente, no observamos que «B es causado por A», sino que vemos la presencia contigua en el espacio y sucesiva en el tiempo de A (la causa) y B (el efecto). En nuestra experiencia sólo podemos observar la conexión constante entre fenómenos. Suponer a partir de esto que «A es causa de B» implica un salto conceptual.

La causalidad, según Hume, es el fruto de la asociación de ideas debida a la costumbre o hábito de observar que «siempre que A, entonces B» y que «no se produce B si no existe previamente A». Tenemos por costumbre asociar lo que hemos observado que se produce repetidamente, y traducimos la asociación como una conexión necesaria. La «necesidad» es puramente mental, no está en las cosas, ni en la naturaleza. Este Principio sin garantías lo usamos también para predecir el comportamiento futuro aunque no puede brindar seguridad alguna.

A pesar de que muchas veces estemos convencidos de que hemos «visto» la causa de un fenómeno ésta no es observable, sólo vemos secuencias de acontecimientos que nosotros relacionamos de un modo causal pero que perfectamente pueden haber ocurrido de otro modo. (Najmanovich, 2008, pp.118-119)

Najmanovich, Denise (2008) Epistemología para principiantes. Buenos Aires: Era Naciente

miércoles, 26 de enero de 2011

Reseña de Ricardo Capponi sobre los filósofos de la sospecha

El anormal es depreciado porque no es como todos, no corresponde al promedio, escapa a la norma, a la medida, y cuestiona asuntos delicados que las sociedad no está dispuesta revisar porque intuye que corroe sus cimientos.

El racionalismo y el positivismo gestados en la época clásica ahogarán al hombre y lo llevarán a la desesperación en nuestra época contemporánea. Es Kirkegaard su exponente más emotivo. Kirkergaard quiere liberar al hombre de un Dios exigente, racional y opresor. “Lo que me importa es entender el propio sentido y definición de mi ser, ver lo que Dios quiere de mí verdaderamente, lo que debo hacer; es preciso encontrar una verdad; la verdad es para mí hallar la idea por la que yo quiero vivir o morir”. “… y la verdad consiste precisamente en esa hazaña de elegir, con la pasión de la infinitud, lo objetivamente inseguro”.

Nietzche, Marx y Freud también emprenden a su modo la búsqueda de un hombre nuevo. Para el primero será el superhombre que rompe con la moral restrictiva y se realiza en plenitud dando rienda suelta a una naturaleza dionisíaca que lo hará libre. Para Marx es el hombre que logra liberarse de la esclavitud de una sociedad en que las relaciones están mediatizadas por el dinero. Freud desea liberar al hombre de las restricciones impuestas por una sociedad neurótica, narcisista, exigente, castigadora y represiva, trabajando sobre aquella instancia donde se incorporan dichas restricciones; el inconsciente.

Los cuatro aspiran al mismo objetivo: liberar al hombre. La libertad se constituirá en la piedra angular de la evolución cultural de nuestra sociedad contemporánea. Es éste, el momento histórico que vivimos, que nos lleva a plantear la cuestión de la normalidad-anormalidad en estos términos: la anormalidad como una pérdida de la libertad.

Capponi M., Ricardo (2006) Fundamentos de los conceptos de normalidad-anormalidad, Salud-enfermeda. En Psicopatología y semiología psiquiátrica (p.27). Santiago: Editorial Universitaria.

lunes, 24 de enero de 2011

Darwinismo Social

(Fil./Soc.) 1910-1915
Teoría formulada a fines del siglo XIX por el filósofo y sociólogo inglés Herbert Spencer (La estática social, 1815; Principios de sociología, 1876, y Principios de ética, 1893), que establece que el desarrollo humano se ajusta a la teoría de Darwin sobre la selección natural: esto es, la supervivencia del más apto. Esta corriente, que tuvo su auge a principios del siglo XX, establece que los grupos sociales humanos pueden clasificarse según su capacidad diferencial para dominar la naturaleza y al resto de los grupos, y que su progreso depende de la competitividad. En otras palabras, las personas que alcanzan riqueza u poder son consideradas más aptas, mientras que las clases socioeconómicas más humildes son las menos capacitadas. El darwinismo social fue perdiendo crédito a lo largo de la primera mitad del siglo XX, debido a que fue utilizado como base filosófica para el imperialismo, el capitalismo exacerbado y el racismo, que justificaba la superioridad racial en un momento en que el caldo de cultivo social se estaba perfilando para dar nacimiento al nazismo. Entre los años veinte y treinta, gracias a los avances de la antropología, los científicos Franz Boas, Margaret Mead y Ruth Benedict demostraron que la cultura es intrínseca de los seres humanos. En la actualidad, la sociobiología está adaptando la teoría del darwinismo social y explicando el cambio cultural y social en términos evolutivos.

Tello, Neiro y Kreimer, Carlos (2005) Diccionario de Movimientos del siglo XX. Buenos Aires: Longseller.

lunes, 17 de enero de 2011

Cuestionamiento de la objetividad: Aclaración anecdótica

¿Qué objetividad cuestionamos? Cunado estuve en mi primera universidad alcancé a tener una hora de clases con un docente de filosofía quien nos introdujo la asignatura de epistemología, y enfatizo la palabra “alcancé” considerando que nos separaron en dos grupos por el exceso de alumnos así fui a dar de improviso con el profesor que lo secundaba a la mitad de la clase.

No obstante en esa breve introducción se nos interpeló sobre un tema que venía machacando desde hace tiempo en mis años de colegio, el tema de la objetividad, él nos preguntó sobre un típico asunto de discusión y controversia, vale decir la política. Cuántas interpretaciones posibles podían existir acerca del golpe de Estado de 1973 en Chile, evidentemente las respuestas no fueron unánime, en la misma línea nos volvió a preguntar cuantos detenidos desaparecidos existieron en Chile tras la dictadura militar, de inmediato él mismo respondió de forma categórica una cantidad que se consigna en el denominado informe Valech, aquí aseguró, existe precisión (si nos atenemos a los datos y cifras oficiales publicados, claro está ) y sostuvo que no hay dos opiniones si nos ponemos a contar.

Hoy, a cuatro años de esa breve pero interesante exposición puedo responder con mediano entendimiento aquella inquietud. Esta pregunta encierra una trampa, pues la afirmación sobre la cantidad de finados no necesariamente es una afirmación objetiva sino más bien una proposición matemática que surge de la constatación numérica y que en modo alguno reviste objetividad, o por lo menos no la "objetividad con nombre y apellido", que es la objetividad científica, por supuesto es habitual caer en confusiones cuando no definimos el tema de la objetividad desde su marco científico y sostenemos sin más, que se refiere a la certeza en su sentido más corriente.

Cuando, en el mundo de la academia, se habla sobre un cuestionamiento a la objetividad hablamos de la objetividad científica, a saber, aquellos juicios que establece verdades valederas mediante un método empírico que propone conclusiones que son, como mínimo, necesarias y universales desde una serie de premisas particulares, es decir del inductivismo Baconiano. Luego no es lo mismo cuestionar la certeza corriente que la objetividad científica.

lunes, 3 de enero de 2011

La lógica de la clasificación

Clasificar es reunir los diversos objetos del pensamiento, según sus semejanzas y diferencias, en un sistema de grupos o clases, coordinados y subordinados entre sí.

Es la reducción de la pluralidad a la unidad. Se parte de una pluralidad de individuos o especies, y, por una serie de actos sucesivos de eliminación de diferencias, se llega a la unidad, representada en un concepto, género superior.

Nuestra mente postula que todos los objetos son reducibles a un número limitado de entidades o elementos típicos. Cada uno de los cuales se repite esencialmente, idéntico a sí mismo, a través del tiempo y del espacio. Cada individuo tiene una existencia y modalidades propias, inconfundibles con sus demás congéneres, y sin embargo cada uno de esos seres es la repetición de ciertas propiedades y relaciones que permanecen idénticas y que son precisamente las que permiten representarlos en un concepto común y designarlos con un mismo nombre. Cada cosa concreta y cada hecho individual es un ejemplar o espécimen de un tipo ideal susceptible de ser determinado.

1. MECANISMO DE LA CLSIFICACIÓN

El punto de partida es una pluralidad dada de objetos, y el problema consiste en reunir esos objetos, según su semejanza, en grupos que formen un sistema jerárquico y completamente unificados entre sí.

Se comenzará por unir los individuos en grupos de primer grado; en seguida, esos grupos se compararán entre sí y se analizarán para reunirlos, siempre según sus semejanzas, en grupos de segundo grado; del mismo modo se procede después con éstos, y así sucesivamente hasta llegar a un grupo único, clase superior a todas las anteriormente consideradas o constituidas, y que las abarca a todas.

2. DIFERENTES CLASES DE CLASIFICACIÓN

a. Naturaleza de los objetos
i. Reales: Cosas o hechos singulares que existen como unidades en el mundo de la experiencia.
ii.Ideales o de conceptos.
b. Fin
i.Científicas o teóricas: Establecer en los objetos un orden que facilite su estudio, que permita incrementar el conocimiento de sus caracteres reales y de sus leyes.
ii. Prácticas: Facilitar la acción humana en cuanto ésta tiende a realizar un valor distinto del conocimiento puro.
c. Grado de perfección
i. Naturales: Reproducir fielmente el orden mismo de la naturaleza
ii. Artificiales: Los caracteres que considera para construir los grupos no son importantes o son secundarios.

3. PRINCIPIOS DE LA CLASIFICACIÓN NATURAL

a. Principio de las correlaciones orgánicas: ciertos caracteres están ligados de tal modo que la presencia, ausencia o variación de unos influyen en otras. Si uno de ellos está dado, todos los otros también lo están y ninguno de ellos puede ser dado sino con todos los demás.
b. Principio de la subordinación: Existen caracteres dominantes y caracteres subordinados.

Referencias:

Bustos, Oscar Ahumada (1954) Cuaderno de lógica. Santiago: Departamento de Publicaciones, Universidad de Chile.